Del “pet friendly” al “pet washing”: el verano pone a prueba a hoteles y destinos turísticos
- Silvia Martin
- hace 5 días
- 3 min de lectura
Muchos hoteles confunden admitir mascotas con ser realmente pet friendly,
Viajar con una mascota ya no es una excepción. Para un número creciente de viajeros, el perro forma parte de la planificación de las vacaciones y condiciona la elección del destino, el alojamiento o las actividades. De hecho, alrededor del 90% de los propietarios de mascotas en España realiza al menos un viaje al año acompañado de ellas.
Sin embargo, mientras el consumidor evoluciona rápidamente, gran parte del sector turístico sigue entendiendo el concepto pet friendly de una forma superficial. Y esa distancia entre lo que el viajero espera y lo que realmente encuentra está dando lugar a un fenómeno cada vez más visible: el pet washing.
"Muchas marcas y hoteles han entendido que el universo mascota conecta muy bien emocionalmente con el consumidor. Lo que no siempre han entendido es cómo convive realmente una persona con su perro cuando viaja", explica Silvia Martín, especialista en pet parent marketing.
Existe una diferencia importante entre un hotel que admite mascotas y uno que es realmente pet friendly. El primero simplemente permite alojarse con el animal. El segundo ha diseñado la experiencia teniendo en cuenta también a la mascota, desde los espacios comunes hasta los pequeños detalles que facilitan la estancia.
Es precisamente durante el verano cuando más visibles se hacen esas diferencias.
Hoteles que aceptan mascotas, pero donde toda la experiencia parece diseñada para que el animal moleste lo menos posible. Habitaciones sin cama, comedero o bebedero. Restricciones poco claras sobre los espacios permitidos. Suplementos elevados que el cliente descubre al llegar. O situaciones contradictorias como impedir que el perro permanezca solo en la habitación mientras tampoco puede acceder a la zona de desayuno. Pequeños detalles que terminan marcando la diferencia entre sentirse bienvenido o simplemente tolerado.
"El problema no es decidir ser pet friendly o no serlo. Ambas cosas son perfectamente válidas. El problema aparece cuando una marca quiere apropiarse de ese discurso sin asumir todo lo que implica después", afirma.
Según explica la especialista, este fenómeno empieza a parecerse a lo que ocurrió con el greenwashing. En este caso, comienza a hablarse de pet washing: hoteles y marcas que utilizan el discurso y la estética del universo pet porque funciona como argumento de comunicación, aunque la experiencia real no esté a la altura de las expectativas.
"El pet parent no busca únicamente permiso para entrar con su perro. Busca poder compartir el viaje con normalidad. Detecta enseguida cuándo alguien ha pensado realmente en la convivencia con animales y cuándo simplemente hay un cartel de 'pet friendly' en la entrada. La diferencia rara vez está en una gran inversión, sino en entender cómo viaja hoy un pet parent”, señala
Algunos establecimientos demuestran que existe otra forma de entender este tipo de hospitalidad. Cadenas como Petit Palace o ME by Meliá han incorporado kits de bienvenida, camas, bebederos o recomendaciones para disfrutar del destino con la mascota, mientras que hoteles internacionales han desarrollado propuestas que integran también al animal dentro de la experiencia.
Esta evolución responde a un cambio social mucho más profundo. "La mascota ya no ocupa un lugar secundario dentro de la rutina de muchas personas. Influye en cómo viajamos, cuánto tiempo pasamos en determinados espacios o qué tipo de experiencias buscamos. Los hoteles que entiendan ese cambio dejarán de ver al perro como una excepción para empezar a verlo como parte de su cliente”.
Según Booking.com, casi 15 millones de búsquedas de alojamientos realizadas en 2025 utilizaron el filtro "se admiten mascotas", lo que refleja hasta qué punto este criterio se ha convertido en un factor decisivo a la hora de reservar.
Porque para muchos viajeros las vacaciones ya no empiezan preguntando si un hotel acepta mascotas. Empiezan preguntándose si realmente alguien pensó en ellas cuando diseñó la experiencia.

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